Amanece

 

Amanece de nuevo,

como si la noche hubiera sido insuficiente.

Como si se prefiriera lo cercano a lo lejano.

 

Amanece otra vez,

y el ser sale de su embrujo oscuro, sin recuerdos,

 y parpadea los primeros sonidos,

saborea las primeras visiones

y enseguida recuerda y programa, calcula…

 

La noche quedó como un extraño recuerdo.

Mejor el sol, cerca,

que millones y millones de soles lejanos.

 

Y también… es menester recordar

que ama-necer implica nacer a “el Amor”, ¡una vez más!

¿Una vez más?

¡Sí! Una vez más…

como… reforzando lo que había, que se recuerda;

como realzando lo que está por venir;

como resucitando lo que parecía ¡oculto o muerto!;

como rehabilitando aquel beso perdido

que… no se fue capaz de reconocer.

 

“Ama-necer”, como meciéndose…

en la manta cálida del fresco de la mañana,

para susurrar palabras de ternura –¡ay!-…

alientos de dulzura…, néctar de infinitud…

 

Amaneciendo… ¡con estas texturas!,

la luz se hace ¡dulzura!,

la claridad se hace ¡esplendor!,

la llamarada se hace llamada de afecto y distinción.

 

Amaneciendo

acabando de nacer, amando,

¡el mundo se queda pequeño!...

los afectos ¡reclaman impresión!...

¡No es suficiente con una mirada o con una cercanía!

o un roce o un “hola” o “adiós”.

¡No!

 

La luz ilumina la silueta de lo amado,

lo vive como esperado, como ¡maná!,

como sediento y hambriento de largas jornadas de desierto.

 

Vibrando de emociones,

el ser se hace acecho de cualquier signo o cualquier detalle

¡que pueda ser amable!

ama-ble-

que pueda ser distinguido;

sin dolores tardíos,

con fantasías de eternidades

que, aunque no se sepan, se sabe que están;

que, ¡aunque se hagan largas y extensas!, no van a cansar.

Más bien, al contrario: nos van a generar ansiedad.

 

¡Tanta grandeza, para esta pizca de miseria humana!

¡Tanto esplendor y dádivas!, para esta duda y rabia humanas.

¡Tantas… cuidadosas, imprevistas y regaladas sorpresas!,

para esta dudosa y rentista humanidad.

 

Vergüenza de haber nacido, se siente

cuando las dádivas de las Eternidades nos adornan.

Porque es tanto lo pendiente

y tan casi imposible lo que está por hacer

que mejor valdría esconderse.

 

 

Pero, no. No hay escondite en vida.

No hay lugar en donde el Misterio no te rodee.

Ante ello, no te puedes justificar.

Ante todo lo que te ofrecen,

te han ofrecido y te ofrecerán,

no te puedes ‘peyorizar’.

 

Te rodean y te rodean y te rodean…

¡sin asfixia!, sin imposición;

¡con evidencias!, con trascendencias, con ilusión.

Y ciertamente te sostienen y te animan…

a que repliques en las mismas frecuencias;

a que sintonices con la grandeza;

¡que agradezcas!... las sinfines evidencias.

 

Gra-titud.

¡SÍ! ¡Es gratis! No hay que pagar impuestos.

No hay que tener más o ser más.

 

Gratitud.

Esa actitud de sentir que me inunda ¡la Misericordia!,

que me regalan, que me adornan,

que me llevan, que me ensalzan.

 

Inevitablemente surge ¡el cuido!:

el cuido que he de tener cuando la vigilia me inunde…

porque los sinfines me acechan para engrandecer mi sendero;

para exultar mis ideales.

 

Regado de regalos… y, con ellos, ¡de sorpresas!...

que percibimos y que portamos y que ¡promovemos!

 

Así debe ser: ¡Con Gracia!

Congraciados con tanto y tanto…

y con un humor de constancia.

¡Que la alegría no tenga que esconderse!;

¡que lo gustoso no tenga que avergonzarse!;

que la sonrisa no sea una mueca.

 

¡Ay! Que se sea como es… amanecer,

con el despacio,

el desparpajo vértigo de las siluetas que no se distinguían.

 

‘Amanecidamente’ regalado.

¿¡Por qué me otorgan tanta dicha!?

 

¿Confiarán en ti?¿ Creerán en tus recursos?

¿Esperan tus aclamaciones?

¿No te has dado cuenta…

de que universos aguardan ¡por ti!, ¡por ti!, ¡por ti!…

No porque seas importante, sino porque eres excepción.

 

No. No hay sitio para la vulgaridad.

No. No hay sitio para decir “no valgo”. No, no, no…

No hay lugar para infra evaluarse.

Eres una excepción excepcional.

Cualquier desarraigo que hagas de ello

conturbará a los Universos;

que así ahora están:

conturbados y confusos…

por ¡tanta, tanta deslealtad!

 

Así que “ejercitarse” toca…,

como cuando la trompeta llama

o la campana reclama, o la sirena avisa.

 

Te llaman…a ejercer excepcionalmente,

a ser una sintonía de amaneceres eternos.

¡Cualquier huida es un fracaso!;

cualquier negligencia, ¡una torpeza!;

cualquier crítica, una aversión.

 

Sí, lo Dadivoso, Creador y Misterioso,

también genera ¡sentencias claras!…

Sin recovecos, sin medias vueltas.

Vueltas enteras como focos, como miradores precisos.

 

Y, en cada llamada, hay ¡tanto servicio!,

¡tanta disponibilidad de recursos!…

que cada ser llamado –que son ¡todos!-…

puede darse cuenta de la plenitud de sus esencias.

 

¡No vale desvalorizarse! ¡No vale infra valorizarse!

No ha lugar la indiferencia.

Vivir es comprometerse… ¡dentro… y dentro!

No hay “fuera”. No hay exterior ni interior. ¡Hay “dentro”!

 

Hay “dentro”… ¡en almas!

En almas almadas que reclaman un beso, un verso, un verse…

En almas almadas que bien respetan su piel y su figura,

pero –¡ay, ay!-… son vaporosas, bellas, espléndidas.

Y como tal, entonces, no hay parapeto para manipularlas.

¡No hay justificación para maltratarlas!,

maltratar a… ¡a otras!

 

Se hace, pronto, la necesidad de co-mu-nión.

Se hace pronto la urgencia de comunicación.

Se hace pronto el sincero abrazo.

Se hace pronto… la urgente mano que apoya.

Se hace pronto. ¡Luego es tarde!… ¡Luego, ya no está!

 

Se hace pronto, muy pronto…

amaneciendo y amaneciendo…

para que, cuando digan que es tarde,

sea un amanecer… con experiencia, con soltura,

con entregada inocencia.

 

Se hace pronto…

Se hace pronto para que,

cuando atardezca, nunca sea tarde,

sino sea… la suave y evidente vivencia

¡de una Presencia de presencias que nos cultivan!,

que nos ¡cautivan!, ¡nos conmocionan!...

Se hace pronto. “Luego” es muy tarde. No está.

 

¡Sí! Y es tan fácil ser autosuficiente…

¡Ay! ¡Y es tan fácil!... decisiones banales tomar…

¡Y es tan fácil!... perderse sin fundamento…

Y es tan fácil abandonar los cimientos…

Y es tan fácil “estropear”…

que se hace desdicha… cada caminar

que se hace deshonra… cada propuesta,

porque ¡es tan fácil…!

 

Libertariamente creados,

liberadoramente puestos ahí, cada uno…

que es ¡tan fácil… desdeñar lo recibido!,

que es tan fácil prometer sin cumplir,

que es tan fácil hacerse el distraído…

¡tan fácil!... negar la candela que tenuemente alumbra…

Es tan fácil… olvidar, ¡tan fácil!...

que da vértigo solamente el pensarlo.

Que ensombrece… el amanecer.

 

Es tan fácil… que tiren de ti, que te convenzan,

que te prometan, ¡que te juren!…

Es tan fácil… ¡creer seguir lo seguro!...

que se hace difícil imaginar

la insegura complacencia del Misterio.

¡Es tan fácil, luego, quejarse!...

¡Es tan fácil, luego, pedir perdón!...

¡Es tan fácil arrepentirse!…

 

¿Será tarde…?

 

Es tan fácil… ¡el abuso!…

El abuso de… tener…

El abuso de… poseer…

El abuso de ejercitar

–¡como ejército!-

poder y poder y poder y poder…

que, de insistir en ello, podrida queda la senda,

sin genealogía, sin descendencia;

con amarguras incompletas que reclaman

–como si fuera un derecho-

perdones.

 

A la vez que nos contemplan, no hay contemplaciones.

Puede resultar extraño…

Puede resultar hasta injusto…

–¿”injusto”?-.

Puede resultar hasta cruel que,

aduciendo tantas imperfecciones,

no se toleren…

–¿toleren?-

no se toleren… vanidades e intentos, “ya veremos”…

¿¡Y para qué amanece, entonces!?

“Ya veremos”.

¿Y para qué amanece, entonces?

 

Es tan a mano…

está tan a mano el fraude, la prejuiciosa valoración…

está tan a mano el libre albedrio

y la egolatría y la ¡idolatría!... entre unos y otros…

está tan a la mano,

que sólo las manos se emplean para su cultivo;

para su cultivo de estatuas, imágenes,

posesiones, pertenencias, ¡seguridades!…

¡Ah, “seguridades”!

 

Está tan a la mano el abuso…

y el reclamo de prebendas y de derechos…

¡tan a la mano!... que se hacen cemento;

que se hacen duras estructuras… cargadas de peso,

incapaces de avanzar.

Pero se hacen reclamos… y exigen regalías…

¡Ay!…

 

¡Ay!, como “queja”.

¡Ay!, como queja de… humanidades perdidas.

Porque, por cada una excepción que se pierde…

una Eternidad se ¡conmueve!

 

¡Ay!… ¡Ay con el Ay!...

Sin quejas se ha de estar,

sin quejas se ha de seguir…

con el infinito compromiso de vivir…

con la magnificencia de recursos que reclaman su utilidad

¡y que de inmediato se ven!...

cuando se abandonan los egoísmos y las importancias de personalidad

¡y las exigencias de “hacer lo que yo quiera”!,

y las justicias innecesarias.

 

Sí. ¡Ay!... ¡Hay!...

Mucho más de lo que podríamos pensar o imaginar… hay.

¡Hay infinitamente más que más!...

que no se puede medir ni pesar.

Y que todo ello está…

a disposición de lo extraordinario de cada uno;

de lo excepcional de cada ser.

 

¡¡Ay!!...

 

***

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