Como humanidad, no estamos dando el testimonio que nos corresponde

 

Y el ser de humanidad se dirige, al ritmo de tambores violentos, hacia nuevas y renovadas confrontaciones: a las guerras culturales, sociales, políticas y económicas, ya establecidas, que –de paso- instauran el miedo social. Y todo ello se considera la normal evolución para mejorar, para estar en mejor calidad de vida, para lograr longevidades…

Hay “argumentos”. Pero… argumentos ficticios.

Hoy podemos ver que los beneficios de la guerra “normal” son unos desajustes sociales impresionantes… y una participación cada vez menor de las sociedades, de los individuos sociales, en lo que ocurre.

La Llamada Orante nos… advierte, nos avisa de que la trayectoria guerrera que iniciaron los primeros cazadores –que fueron festejados por sus logros-, los primeros domesticadores de plantas y animales, los primeros poseedores de la tierra… desde ellos hasta aquí, todo se ha ido realizando de igual forma, cambiando los decorados.

Las violencias de género: de cada cuatro mujeres, una sufrirá una violencia sexual o una violencia por ser mujer. En el mundo. Eso supone más de 1000 millones de mujeres. Por ejemplo. ¡Un detalle sin…! Total, somos 8000 millones…

Aproximadamente la mitad viven con 5 dólares y medio al día. Pero esto son estadísticas, datos que, por la costumbre de mostrar… Y los muestran –estos datos- los que no pasan penalidad, ¡no! Son los que van a los campamentos a preguntar. Son los que se vuelven con su Rover a estatificar, ‘estadistificar’ los resultados de campo.

Y si esos datos son… digamos que “medianamente” alarmantes…

Sin contar –que habría que incluirlo, ¿no?- sin contar la enfermedad como… –y es importante este detalle- como una plaga de exterminio. No como nos quieren –y bueno, han conseguido- hacernos pensar: que es inevitable enfermar, el dolerse, condolerse… y hacer centros y centros donde nos estudien, nos esculquen…

Eso: la enfermedad es una plaga. Es como las plagas. ¿Recuerdan las plagas?, ¿la peste? Pues es eso. Pero… se deja pasar. Como se conceptúa que es el tributo “natural” a la forma de vivir, se acepta sin más.

Una especie guerrera, violenta…; sin sintonía como especie sexuada; con enfermedades marcadas; con desigualdades abismales…

¿Podemos considerar que es parte de la evolución y que todo esto cambiará?

¡Hummm!… Es cierto, cambiará. Pero de momento cambiará en el mismo sentido que va: con el clamor de la peste, la guerra, el hambre…

Y si bien antes eran clanes que –por el número de humanidades- conocían y se conocían por sus tendencias, ahora ¿quién… quién maneja los hilos de los títeres?

Los manejadores se conocen. Los manejados no los conocemos, pero los sentimos, los percibimos.

Y se perciben porque, al creer –“al creer”-, al vivir en la creencia del Misterio Creador, nos apercibimos de nuestros recursos, de nuestras naturalezas, y podemos expresar que, como humanidad, no estamos dando el testimonio que se corresponde con nuestra composición, con nuestro perfil.

La muerte se hace consustancial con las colegas de la guerra, la peste –enfermedades- y… ¡el hambre!

Sí, los famosos cuatro jinetes del Apocalipsis. Se instauran con absoluta normalidad y hacen –los que lo dirigen- que cada uno adopte esa capacidad de guerrear, de doler, de languidecer, de necesidades…

Poco a poco se ha conseguido que hasta los más menesterosos tengan ascendencia sobre otros más menesterosos, y consigan un determinado ejercicio de poder… que implique dolor, hambre, violencia, muerte.

¡Sin duda!... es fácil respuesta –ante esta Llamada Orante, que nos quiere sensibilizar- es fácil respuesta decir: “¡Bueno!, ¡qué menos que pase esto entre 8000 millones de seres! ¡Demasiado bien vamos!”. Además, cada cual puede decir: “No, a mí me va bien”…

¡A “mí” me va “bien”!... ¡Ya! ¿Por cuánto tiempo…? ¿En qué te va bien?

Claro, cuando el ser pierde las aspiraciones, los ideales, los proyectos, y se queda bajo mínimos, le va bien. Aunque en el fondo tiene una nostalgia irrecuperable. Pero “le va bien”.

La Llamada Orante nos implica en esta visión, sí, apocalíptica. Y que, como vemos, no es nueva; ya empezó hace… –para nosotros, como humanidad- mucho tiempo. Para la Creación es un instante.

De inmediato surge la pregunta, claro: “Y ante este panorama, ¿qué hacer?”.

Nos han educado –¿verdad?- a que intervengamos ¡en todo! Por eso surge la pregunta: “¿Y qué hacer entonces?”. Nos han culturalizado para que nos sintamos “supermanes” o “batmanes” o “arañas”… Y la respuesta a esta pregunta es casi siempre la misma:

“¿Qué puedo hacer yo ante esto? Pues nada. Seguir trabajando, cotizar, ahorrar lo que pueda… Bueno, tomar algunas vacaciones de vez en cuando, pagar la hipoteca… ¿Y qué voy a hacer? Es que, si no, me quitan la casa. Es que, si no…”.

Totalmente domesticados. Una humanidad domesticada… con respuestas finalistas…

Eso no es propio de seres con talento, con talentos emanados de un Misterio Creador.

La Llamada Orante nos avisa de estas posturas, de estas posiciones, para hacernos ver que… no es la actitud “que yo no puedo hacer nada –que ésa es la que se pretende, la que pretenden-, sino que la respuesta es:

“No voy a hacer algo ante eso y por eso. No. Voy a hacerme algo a mí, por lo que soy, por lo que represento para el vivir, ¡por lo que creo! No vaya a caer en la trampa de mi incapacidad, de mi inutilidad, mientras –a la vez- me utilizan para protestar, para insultar, para alabar… –depende de lo que interese-.

Voy a ahondar en mi ser. Voy a descubrirme en ¡la Fe! Voy a aspirar a la liberación. No me voy a conformar con la Libertad. ¡No soy un producto que empieza, se desarrolla, se deteriora y desaparece! No voy a caer en la trampa de combatir lo que ya está instaurado y progresivamente corroborado. Sin duda, me afecta; sin duda, me llega… y lo que se pretende es que entre en esa dimensión”.

La Llamada Orante nos llama a dimensionarnos en otras perspectivas. La Llamada Orante nos llama a consensuarnos en nuestra convivencia. El saber que estamos en el seno de las plagas… y, en consecuencia, ¡no actuar contra ellas!, sino actuar sobre nosotros… para aclararnos y para desechar todos esos productos que nos han introducido cultural, mental, psicológica y religiosamente… para que seamos lo que somos hoy: material de desecho; un proyecto de reciclado permanente.

Y al ahondar en nuestra naturaleza, ¡en nuestro ser y estar!, nos descubrimos en la ternura, en la complacencia, en la flexibilidad, en el ¡rigor!, en la adaptación, en ¡la bondad!, en la misericordia y en el ¡amar convincente!… Ese que no admite dudas. Ese Amar que, cuando florece, sólo da frutos. No es estéril.

Sí debemos apercibirnos de esas plagas, debemos verlas en lo cotidiano, debemos verlas en nuestras actitudes, para que podamos desprendernos de esas tendencias que, por la forma de vivir, de producir, de relacionarse, de poseer, de rentabilizar, de ganar, de perder…; todo eso nos da una urgente capacidad de respuesta… que nos lleve a esas otras dimensiones. Que están ahí, que no son imposibles. Que requieren esfuerzo, sí, pero un esfuerzo gozoso. Ese esfuerzo del hacer bien hecho. De calidad.

La silueta del “saber” debe planear continuamente sobre todo lo que ocurre. Ese “saber” que visiona y que… calcula; que hace una prospección para que se introduzca la cura, porque, al “saber”, se le acopla el recurso, el medio… de ese “saber estar”, de ese “saber hacer”, de ese “saber de calidades”.

El secuestrarse, el individualizarse, es parte de ese complot… apocalíptico. Sí; en la medida en que el ser pierde su sociabilidad –y la pierde por la mentira, el interés, el acopio, la competencia-… el ser se convierte en una aislada entidad egoísta, centrípeta… incapaz de generar sosiego. Al revés: el ser se protege, se recubre…

Somos unidades sociales de necesidades mutuas, interpendientes. Y con ello logramos la sintonía de ¡emociones, afectos, atracciones, respetos, cuidados!

No es una tarea, ni obligación, para luego, para más tarde. Es un despertar de ahora: el asumir en dónde se está; el recogerse en lo que se es; el actuar en consecuencia.

Siguiendo… interpretando las Llamadas Orantes, que nos orientan.

Cultivando… el descubrir el lenguaje del Misterio Creador, en esas oportunidades o situaciones o casualidades en que nos sitúan.

“No estamos abandonados”.

Pero debemos prestar atención a Quien nos cuida.

La mano del Divino está presta. Su calidez es fructífera. Su ternura, infinita. Su compasión, permanente.

Aguarda sin tiempo.

Sabemos que ESTÁ.

***

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